Pongo sobre la mesa ¿por qué dejamos de crear arte para enseñar arte?

David Escobar González – Padre – exartista.

Reflexión sobre la transformación del arte en la paternidad

Cuando una persona se convierte en padre o madre, su vida experimenta un cambio profundo. El tiempo, que antes podía dedicarse con libertad a la creación artística, se fragmenta. Las responsabilidades diarias, el cuidado y el cansancio ocupan espacios que antes estaban disponibles para la experimentación y la expresión.

Esto genera una sensación frecuente: la idea de que el arte se ha detenido o se ha perdido. Muchos creadores sienten que ya no producen como antes, que su energía creativa se ha desplazado hacia otras obligaciones. Sin embargo, este fenómeno no debe entenderse únicamente como una pérdida.

El arte, en su sentido más profundo, no depende solo de la producción constante. Crear no es únicamente generar objetos artísticos; también es una forma de mirar el mundo, de interpretarlo y de transmitir sensibilidad. La paternidad, aunque exige sacrificios, ofrece una experiencia humana distinta y rica en significado. El contacto con la crianza expone a la persona a emociones intensas, a aprendizajes sobre la fragilidad y el amor, y a una comprensión más amplia de la existencia.

En este sentido, la creatividad no desaparece; se transforma. El tiempo dedicado a enseñar a los hijos, a guiarlos y a compartir con ellos experiencias también puede entenderse como un acto creativo. Se transmite una visión del mundo, una sensibilidad, incluso valores que son, en sí mismos, formas de creación.

Es importante reconocer que esta transición puede generar duelo. El artista que antes disponía de libertad total debe adaptarse a nuevas prioridades. Pero este cambio no implica renunciar a la identidad creativa. Significa comprender que la creatividad puede manifestarse de otras maneras y en otras etapas.

La experiencia de la paternidad no elimina el arte; lo Re contextualiza. El creador sigue presente, aunque su expresión sea diferente. A veces el arte se vuelve más silencioso, menos visible, pero no por ello menos profundo.