Práctica Videoinstalaciones David Escobar González.

 

 

Idea del proyecto;

Vivir deprisa es una gran parte de mi trabajo, durante este último mes estado grabando algunas piezas de fruta y flores con una velocidad a la que los seres humanos no estamos acostumbrados, cada segundo de grabación es un día 24 horas. Utilizamos el modo time lapse el cual acelera el proceso del tiempo a un ritmo vertiginoso. Después de la grabación que terminare con ella sobre el día 12 o 13 de enero completando así varios meses de grabación continua mientras algunas piezas de fruta se pudren y cambian su forma incluso terminando llenándose de bichos, la idea secundaria es proyectar estos videos en espacios diferentes con todo tipo de personas, desde un viandante hasta un cliente de un supermercado. ¿Cómo lo vamos hacer? Vamos llevar un ordenador portátil con el video en repetición, la duración del video tendrá unos dos minutos con un video que en tiempo real serian meses, ¿Qué buscamos? La reacción de las personas cuando observen el video, el ser humano no está acostumbrado a ese tipo de videos en el que el tiempo pasa demasiado rápido, pero quizás sea una gran metáfora a como estamos viviendo nuestra vida siempre con rapidez y estrés.

Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir. Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida. La mejor forma de aprovechar el tiempo no es hacer más cosas rápidamente, sino buscar el ritmo adecuado para cada una. Hay que plantearse muy seriamente a qué dedicamos el tiempo.

En nuestra cultura de ritmo acelerado estamos obsesionados con ser hiperproductivos, incluso en nuestro tiempo libre. Aun cuando no nos controlan, estamos aterrorizados con la idea de perder el tiempo. Esto significa que nos sentimos impulsados a usar nuestro tiempo libre para ser productivos.

La sociedad avanza a velocidad de vértigo; casi todo debe ser inmediato; las cosas se piden, se demandan, para ya, para el mismo instante; la información, los servicios o los productos se desarrollan y fabrican bajo la esclavitud del tiempo; lo de ayer ya no sirve, se necesitan más y más cosas nuevas; tenemos la necesidad de conocer, ya, lo que nos va a deparar el mañana… Y todo ello es, por supuesto, aplicable al mundo de la cultura, tanto para los consumidores como para los creadores y la industria. Hay, naturalmente, excepciones, pero la sociedad, en general, se desliza por la autopista de la vida a una velocidad de vértigo que, en muchas ocasiones, nos impide disfrutar de las cosas que tenemos, porque no hacemos más que pensar en lo nuevo; en lo que está por venir.

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